MODELO EDUCATIVO

La universidad que todavía no existe

Francisco José Vara Trujillo · 13 jul 2026 ·5 min de lectura

Ensayo de cierre del primer ciclo: qué pasaría si diseñáramos una universidad desde cero hoy, sin herencia de estructuras del siglo XIX. No es una predicción — es una declaración de intención.

En 1905, Andrew Carnegie donó diez millones de dólares para crear un fondo de pensiones para profesores universitarios en Estados Unidos. Había un problema práctico: para repartir pensiones, la fundación necesitaba saber qué contaba como una carga completa de trabajo docente. Así que inventaron una unidad de medida. La hora crédito equivalía a una hora de contacto entre profesor y estudiante por semana, a lo largo de un semestre de quince semanas. Los profesores que impartían doce unidades por semestre —una carga completa— calificaban para pensión completa. SAGE Publications

La adopción del estándar no ocurrió por convencimiento pedagógico: la Fundación Carnegie condicionó las pensiones a que las universidades lo implementaran. Para 1910, casi todas las instituciones de Estados Unidos ya lo usaban. ResearchGate

Aquí está lo que me parece más revelador. El propio reporte anual de 1906 de la fundación dijo explícitamente que el criterio fundamental del conteo era el tiempo dedicado a una materia, no los resultados alcanzados. Lo dijeron con todas sus letras: esto mide horas, no aprendizaje. Y sin embargo, ciento veinte años después, la hora crédito sigue siendo la moneda con la que se construye cada título universitario del mundo occidental, incluido el de la carrera que yo estudié y los de las que estamos diseñando ahora en Aldea. SAGE Publications

Piénsalo. La estructura fundamental de la educación superior contemporánea —cómo se cuenta el progreso, cómo se define un grado, qué significa haber terminado— fue un efecto secundario administrativo de un plan de pensiones.

Este es el punto donde converge todo lo que escribí en los siete ensayos anteriores. La clase expositiva de cincuenta minutos no sobrevive porque funcione. Las disciplinas aisladas no existen porque describan la realidad. El ranking individual no premia porque enseñe. La hora crédito no mide porque signifique algo. Todo esto sobrevive porque se instaló temprano, resolvió el problema de alguien más, y nadie tuvo suficiente incentivo para desmontarlo.

Entonces la pregunta que quiero hacer en este último ensayo del ciclo es la más simple y la más difícil: si diseñáramos una universidad desde cero hoy, sin heredar nada de esto, ¿qué haríamos distinto?

Empezaría por el orden. El problema primero, la herramienta después. No como técnica ocasional sino como arquitectura: ningún concepto se enseña antes de que el estudiante haya chocado con algo que ese concepto resuelve. Eso implica rediseñar cada sesión, no cada plan de estudios. Es trabajo lento, artesanal, sin atajos.

Seguiría por la medida. En vez de contar horas, contaría demostraciones: qué puede hacer esta persona hoy que no podía hacer hace tres meses, con evidencia. El título seguiría existiendo, porque el mundo lo pide y porque la profundidad de una carrera completa importa. Pero dejaría de ser lo único que el egresado puede mostrar.

Rediseñaría las fronteras. Facultades con profundidad real, sí, pero atravesadas por retos que ninguna disciplina alcanza sola, porque así es como llegan los problemas afuera.

Cambiaría contra quién compite el estudiante. Contra su versión de la semana pasada, y junto a su equipo contra otros equipos. Nunca contra el que tiene al lado.

Y trataría la tecnología como entorno, no como accesorio: solo entra lo que vuelve posible algo que sin ella era imposible.

Ahora la parte incómoda, y la escribo porque este blog no serviría de nada si no la escribiera.

Nada de lo que acabo de describir existe todavía como universidad en operación. Aldea Universidad de Innovación tiene su RVOE en proceso ante la SEP y proyecta su primera generación para 2027. No tenemos egresados. No tenemos resultados que presumir. No tengo un estudio longitudinal que demuestre que nuestro modelo funciona mejor, porque no hemos tenido tiempo de generarlo, y cualquiera que te venda ese estudio con una institución que aún no gradúa a nadie te está mintiendo.

Lo que sí tenemos es un modelo educativo completo, construido sobre evidencia que otros produjeron durante cuarenta años, y la disposición de someterlo a la prueba de la realidad y publicar lo que salga. Eso es todo. Es menos de lo que promete la mayoría de las escuelas nuevas y, creo, más honesto.

Tengo también una sospecha sobre por qué esto es tan difícil, y no es la que uno esperaría. No creo que el obstáculo sea la regulación —trabajamos dentro de ella, y ha sido más flexible de lo que la gente asume—. No creo que sea la tecnología, que hoy es abundante y barata. Creo que el obstáculo es que rediseñar una universidad desde sus cimientos exige renunciar a cosas que funcionan cómodamente para los adultos que trabajamos en ella. La clase expositiva es cómoda para el profesor. La disciplina cerrada es cómoda para el departamento. El ranking es cómodo para la ceremonia de graduación. La hora crédito es cómoda para el área administrativa. Cada estructura que critiqué en estos ensayos le resuelve un problema real a alguien que no es el estudiante.

Por eso el título de este ensayo no dice "la universidad del futuro". Dice "la universidad que todavía no existe", que es una afirmación sobre el presente, no una profecía. La universidad que describo no está a la vuelta de la esquina esperando que la tecnología madure. Está esperando a que suficientes personas decidan que vale la pena renunciar a su propia comodidad institucional.

Carnegie inventó la hora crédito para resolver un problema de pensiones y terminó definiendo qué significa estudiar durante los siguientes ciento veinte años. Fue un accidente. Lo que estamos construyendo en Aldea puede fallar por muchas razones, pero al menos no será un accidente.

Con este ensayo cierro el primer ciclo del blog. Ocho semanas, ocho argumentos, un solo hilo. Lo que sigue ya no es tesis: es lo que vayamos aprendiendo al construir. Va a incluir cosas que no funcionaron, y esas también las voy a escribir.


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Referencias

  • Silva, E., White, T., & Toch, T. (2015). The Carnegie Unit: A century-old standard in a changing education landscape. Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching.
  • Laitinen, A. (2012). Cracking the credit hour. New America Foundation & Education Sector.
  • Carnegie Unit and Student Hour. Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching.
Escrito por Francisco José Vara Trujillo
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