MODELO EDUCATIVO

Las disciplinas no existen en el mundo real

Francisco José Vara Trujillo · 13 jul 2026 ·5 min de lectura

Los problemas reales no respetan fronteras entre carreras. Por qué organizar una universidad en facultades cerradas produce profesionistas que solo saben hablar con gente que estudió lo mismo. Referencia a Repko & Szostak sobre estudios interdisciplinarios y el modelo de clústeres.

Un hospital tiene un brote de infecciones. Los pacientes se contagian de algo que no traían al llegar. ¿De quién es el problema?

Es un problema de microbiología, porque hay que identificar el patógeno. Es un problema de ingeniería, porque probablemente algo falla en los sistemas de ventilación o esterilización. Es un problema de diseño de procesos, porque los protocolos de higiene se están rompiendo en algún punto. Es un problema de comportamiento humano, porque los protocolos existen y alguien no los está siguiendo, y hay razones por las que no lo hace. Es un problema legal, porque hay responsabilidad institucional de por medio. Y es un problema de datos, porque sin rastrear los patrones de contagio nadie va a encontrar el origen.

Ningún egresado de ninguna carrera de las que existen hoy fue formado para ver las seis cosas al mismo tiempo. Y sin embargo el brote no es seis problemas. Es uno.

Esta es la trampa silenciosa de organizar la educación superior en disciplinas cerradas: producimos profesionistas que solo saben reconocer la parte del problema que su carrera les enseñó a ver. El ingeniero mira las tuberías. El médico mira al paciente. El abogado mira la exposición legal. Cada uno tiene razón en su parte y ninguno está viendo el problema.

Lo que me parece más interesante es que esta organización del conocimiento es reciente y contingente. No es una ley de la naturaleza. Las disciplinas académicas tal como las conocemos —departamentos separados, cátedras especializadas, títulos diferenciados— se consolidaron en el siglo XIX, en gran medida en las universidades alemanas y luego en las estadounidenses que las imitaron. Fue en Alemania, desde alrededor de 1815, donde la especialización se impuso con más fuerza, impulsada por la competencia de estatus entre disciplinas dentro de la universidad; hacia finales del siglo, el mismo fenómeno ya estaba en Estados Unidos, donde la admiración por el sistema alemán era enorme en los círculos académicos. MIT

Léelo otra vez: competencia de estatus entre disciplinas. Las fronteras que hoy tratamos como si describieran la estructura de la realidad nacieron, en buena parte, de una pelea institucional por prestigio y recursos entre profesores alemanes hace doscientos años. Y ese diseño, pensado para organizar la investigación de una universidad decimonónica, sigue determinando qué le enseñamos a un chavo de diecinueve años en Puebla en 2026.

Hay una idea que ayuda a entender por qué esto falla tan feo. En 1973, Horst Rittel y Melvin Webber publicaron un artículo en Policy Sciences donde distinguieron entre problemas "domados" y problemas "perversos". Los problemas de política social, argumentaron, no pueden describirse definitivamente; no existe una definición objetiva de equidad; y no tiene sentido hablar de "soluciones óptimas" sin imponer calificaciones severas. Peor aún: no hay "soluciones" en el sentido de respuestas definitivas y objetivas. Los llamaron wicked problems, y contrastaron su naturaleza con la de los problemas dóciles de las matemáticas o el ajedrez. Mirjamglessmer

La observación que Rittel y Webber hicieron sobre política pública se extiende con incomodidad a casi todo lo que un profesionista enfrenta después de graduarse. Los problemas de una empresa, de una ciudad, de un hospital, de un sistema de salud, casi nunca vienen con la etiqueta de la carrera correcta. Vienen enredados. Vienen sin definición clara. Vienen con varias soluciones posibles y ninguna perfecta. Y la formación disciplinaria estricta entrena para lo contrario: para reconocer el tipo de problema, aplicar el método de la disciplina, y llegar a la respuesta correcta.

Aclaro algo antes de que se malinterprete: no estoy diciendo que las disciplinas sean inútiles, ni que haya que disolverlas en una papilla genérica de "pensamiento integral" donde nadie sabe nada bien. Esa es la versión caricaturesca de este argumento y la rechazo. La profundidad disciplinaria importa. El médico tiene que saber medicina de verdad. El ingeniero tiene que saber ingeniería de verdad, no un poquito de todo. Un profesionista que solo sabe "conectar ideas" sin dominar ninguna no le sirve a nadie.

Lo que estoy diciendo es otra cosa: que la profundidad y el aislamiento no son lo mismo, y que llevamos doscientos años tratándolos como si lo fueran. Se puede formar a alguien con dominio real de una disciplina y, al mismo tiempo, con la costumbre de trabajar en problemas que exceden esa disciplina, junto a gente que no piensa como él. Eso no diluye la formación. La vuelve utilizable.

Por eso en Aldea organizamos la universidad en clústeres y no solo en facultades aisladas. Las facultades existen —son la estructura que la regulación requiere y que le da a cada carrera su profundidad y su rigor—, pero por debajo de ellas hay una infraestructura de clústeres que agrupa carreras que enfrentan familias de problemas parecidas, y retos diseñados para que un estudiante de ciberseguridad y uno de derecho tengan que trabajar en la misma mesa sobre el mismo caso. No como actividad extracurricular simpática al final del semestre. Como parte del diseño del curso.

Es más difícil de operar, obviamente. Un curso donde todos los estudiantes vienen de la misma carrera es más fácil de coordinar, evaluar y calificar. Un reto que cruza clústeres exige que los profesores también crucen, y los profesores fuimos formados en el sistema que estoy criticando. Nadie me enseñó a mí a dar clase con un abogado en la sala.

Pero pienso en el brote del hospital. Alguien va a tener que resolverlo, y esa persona va a necesitar entender lo suficiente de todos los pedazos como para hacer las preguntas correctas a los especialistas de cada uno. Esa persona no sale de un sistema donde a los diecinueve años eliges una casilla y te quedas dentro de ella cinco años. Sale de un sistema que desde el principio te pone enfrente problemas que tu casilla no alcanza a explicar.

El mundo real nunca aceptó nuestras fronteras. Solo nosotros creímos en ellas.


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Referencias

  • Rittel, H. W. J., & Webber, M. M. (1973). Dilemmas in a general theory of planning. Policy Sciences, 4(2), 155–169.
  • Social science — History of the separate disciplines. Encyclopædia Britannica.
  • Repko, A. F., & Szostak, R. (2020). Interdisciplinary research: Process and theory (4th ed.). SAGE Publications.
Escrito por Francisco José Vara Trujillo
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